Hola rockola! ¿cómo están? Ante una larga ausencia aquí ando de nuevo. Mis achaques musculares no me han dejado volver, si alguien cree que estar en una computadora es inofensivo ¡No lo crean! Me urge una corrección de postura o algo que no me haga forzar el cuello o los brazos. En fin, tal vez ya estoy vieja y no aguanto tanto estar frente al teclado... ¡Nooooo! Pero bueno, haré un poco de ejercicio más tarde para compensar.
Cambiando de tema, fíjense que hoy me desperté con una elucubración sobre el mundo literario y editorial, que les contaré a continuación. Si quieren ir al baño vayan de una vez ¡no me gusta que me interrumpan!

El otro día mi amiga Brenda, que ha estudiado guionismo, escribió en su blog una pequeña entrada sobre cómo en México muchos de los escritores o aspirantes a escritores no saben escribir, y qué además, se desdeña mucho el chisme (como le llamaba Daniel Sada a lo que hacía interesante una historia). Concuerdo con ella.
Nuestro país no puede presumir de una población lectora y por lo tanto a menor número de lectores menor cantidad de exigencia. Muchos podrán alegar que un ciudadano común no puede ser ninguna autoridad para decir cual libro es bueno y cual no, si comparamos por ejemplo el criterio de los catedráticos o estudiantes universitarios. También muchos alegarán que el alto índice de ventas o popularidad de un libro no significa que tenga calidad, si no, veamos los "controversiales" casos de Crepúsculo y El código Da vinci(o la saga Milenium que no me apetece para nada). Con esto último estoy de acuerdo, el éxito de ventas no es sinónimo de calidad.
Ocurre en nuestro país (y eso no excluye a nuestro estado) que hay una pugna, una guerra declarada contra el bestsellerismo en la mayoría de los círculos literarios. Y sorprende que a estas alturas, todavía el tema produzca tanta picazón, cuando la respuesta es tan sencilla: libros buenos los hay en los dos lados. Desde los que reposan flamantes a primera vista en las librerías, hasta los que se llenan de polvo en los estantes escondidos de las bibliotecas.
Pero ahí no para el asunto. El dilema continúa. Se escuchan con frecuencia quejas (yo me incluyo a veces) de que las editoriales sólo buscan historias fáciles de vender, contribuyendo al círculo vicioso de la "pereza intelectual" del lector. Hay algo de cierto en eso, al menos en el género de mi predilección, la literatura juvenil. A raíz de Crepúsculo proliferan las historias dirigidas a adolescentes con una fórmula bastante simple: una chica con sentimiento de inferioridad, conoce a un chico frío y distante que resulta ser un criatura sobrenatural; todo rodeado por una atmósfera oscura. Si bien este nuevo género llamado "romance sobrenatural" no ofrece demasiadas obras que se salven del cliché, tiene derecho a evolucionar y ver hacia dónde se dirige.
Ante esta resistencia del "corrompido mundo editorial" (quítenle las comillas si quieren) los círculos literarios se van cerrando a los temas, discriminando aquellos que les parecen poco trascendentes o importantes. Se descubren libros con ensimismamiento autoral o tan artificiosos que ni siquiera cumplen el principio básico de todo libro: ENTRETENER. Si escritor, si poeta, acéptalo ese es el primer requisito. Y para lograr entretener, hace falta técnica y después malicia, dos cosas que todavía sigo tratando de aprender. También está la visión propia del mundo, esa manera en la que se procesa la experiencia personal hasta convertirla en algo con lo que los demás se identifiquen, o bien, si no hay un nada en común entre autor y lector que lo involucren a través del disfrute. Es lamentable que en los foros online, encuentros literarios, en el mundo editorial, sigamos escuchando historias sobre el poeta o escritor mártir, superior moralmente por su amor a un arte que nadie entiende, temas a los que se les podría dar otro giro y que son tratados de manera barata y producidas copiosamente como: la inseguridad, la violencia,la prostitución, la pobreza, la corrupción y el sexo. ¿Dónde está pues, la exigencia que se le pide a los lectores promedio? ¿A las editoriales?
Tiene su mérito, lograr la atención del que nunca lee; como también el esfuerzo por escribir mejor. Aunque el panorama no resulte muy bueno para los escritores, se necesita de un compromiso real por mejorar la técnica (no hay que desdeñar lo buenos talleres sólo porque ya se tiene obra publicada) y sobre todo, urge, ser más abiertos al chisme, a la variedad temática. Un tema no es interesante o banal por si mismo, es la manera en que se plantea la que hace la diferencia. Con una actitud tan soberbia ¿cómo contribuiremos a mejorar la situación lectora? ¿No se supone que la virtud principal del creador es la imaginación? Sin ella somos estériles, pero ese ya da para otro post.
xoxo
C.




1 simpsonitos dijeron...:
Ya lo leí y sí estoy de acuerdo, primero debemos separar la literatura de la ficción, porque en la categoría ficción entran muchas historias sin brillantez. Como el que hace películas para canal Hallmark. Mucho oficio, pero poca calidad. Aunque si me da de comer bienvenido. Lo malo es que quita mucho tiempo y en el castellano no siempre existen estas opciones simplenas. Lo más simplista que se puede aspirar paraa ser un autor besteselriano en español es elucubrar con los sueños de uno co nun tema univeral que siempre ha provocado cosquilleos en la audiencia. Creo que en México hay mucho autores de novela policiaca/negra que no son leídos, tratando de temas populares. Y son miembros del Sistema Nacional de Creadores. Una paradoja. Ni los que escriben best seller en Mexico s epueden mantener de sus libros y el Conaculta los tiene que estar manteniendo. Y yo no se si es miedo de los autores por atreverse a sacar un poco más el niño interno-que creo que Élmer hace muy bien- o un plano desdén del público.
Bueno, esto es una de mis muchas reflexiones acerca de este tema en México.
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